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La vida de las ideas

La vida de las ideas

Extraña vida la de las ideas. Surgen de las mentes de los individuos y llegan a sobrevivirlos. Apelando a ellas a veces se llega a acabar con otras vidas o a perder la propia, y en muchas ocasiones se esgrimen para limitar el nacimiento de otras ideas. Esto las convierte en algo más paradójico aún, puesto que llegan a restringir la libertad de aquello que las hace posible y pueden llegar incluso a eliminarla no en un sentido meramente metafórico, sino físico.

 

Dentro de las ideas hay una clase muy especial que son las ideas científicas. De algún modo se presentan como un modo de entender la realidad, pero no un modo cualquiera, sino un modo que trata de averiguar metódicamente cómo está organizada la realidad física y que cuenta con resultados objetivos y contrastables.

 

La filosofía es un estilo de pensamiento, un complejo conjunto de ideas sobre las ideas que ha cobrado una peculiar forma de vida en el diálogo que han mantenido entre sí cientos de individuos desde hace siglos. En nuestra mente perviven ideas socráticas, platónicas, aristotélicas, kantianas… que modifican a muchas otras y que a su vez podemos modificar.

 

La Ilustración fue un periodo en el que hombres y mujeres excepcionales (sin ánimo de ser políticamente correcto) concibieron un conjunto de ideas capaces de funcionar como criterio crítico de muchas otras, realizando una eliminación sistemática de aquellas ideas relacionadas con las supersticiones, los prejuicios, los miedos y el dogmatismo y la demagogia.

 

Las ideas ilustradas, como cualquier otra, pueden desaparecer, sin embargo su éxito corre un camino algo distinto al del resto de las ideas. Las ideas científicas tienen vida dentro de su paradigma; mientras éste sea válido, las ideas explican adecuadamente el mundo. Del resto; algunas de ellas saltan de una mente a otra por el atractivo que les otorga el tiempo (las modas), otras cuentan con el poder que da los mecanismos ocultos que la evolución ha dejado en nuestra mente (los miedos, las querencias…) pero las ideas ilustradas no sobreviven más que poniéndose en crítica a sí mismas. No pueden ser meramente una moda, ni apuntar a mecanismos que se sitúen debajo de los racionales (como hacen las ideas demagógicas). Lo más paradójico de todo quizá sea que quien las tiene no quiere que se  conviertan en un mero prejuicio y es consciente de que su transmisión es fundamental no para que sobrevivan por encima de los individuos, sino para garantizar la supervivencia de los individuos por encima de las ideas.

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