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Lecturas

El precio de los derechos

El precio de los derechos

En Filosofía hablamos muchas veces de los derechos y los relacionamos directamente con los valores: el derecho a la educación, el derecho a la atención sanitaria. Ahora bien ¿tienen también algún precio los derechos? Esta pregunta parece que se aleja de la discusión ética y quizá no debería ser así, puesto que el pensamiento crítico no quiere quedarse meramente en una charla de salón, sino que pretende al fin y al cabo saber para vivir mejor.

Para reflexionar sobre este tema os recomiendo la lectura de un artículo del catedrático de Filosofía del derecho Francisco J. Laporta aparecido en El País del día 29 de febrero de 2008 y titulado precisamente "El precio de los derechos"

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Milan Kundera. La ignorancia

Milan Kundera. La ignorancia

Cuenta Milan Kundera en La ignorancia que La Odisea de Homero es la obra fundacional de la nostalgia, del "dolor que causa el querer regresar" que es la etimología de nostalgia.

Según Kundera, Ulises es el mayor aventurero y a la vez el mayor nostálgico. La guerra lo llevó a estar diez años luchando en Troya; cuando ésta acaba y Ulises pone rumbo de regreso a Ítaca, los caprichos de los dioses le impiden regresar durante diez años. Durante esos diez años Ulises añora Ítaca, pero no tiene apenas recuerdos de ella; para tener recuerdos es necesario hablar, compartir experiencias pasadas... y Ulises no tiene a nadie con quien hablar. Sus paisanos de Ítaca, sin embargo, tienen muchos recuerdos de Ulises, pero no le añoran. Hay una asimetría entre los recuerdos y la añoranza de unos y de otros. Un abismo difícil de cruzar. Cuando Ulises regresa quiere contarles a todos cómo ha sido su viaje, lo que ha visto en estos años, todas sus aventuras, pero... no hay nadie dispuesto a escucharle porque todos quieren contarle a él qué ha ocurrido en esos veinte años en Ítaca. Las aventuras de Ulises carecen de sentido para ellos, si él ha vuelto es porque le interesa Ítaca y lo que allí hay, por lo tanto para volver de verdad debería prescindir de esos veinte años, que no tienen cabida ya en Ítaca.

La conclusión de Kundera es dura: nadie le va a preguntar por su aventura. Los feacios, sin embargo, cuando recogen a Ulises reconocen en él a un extranjero y le preguntan quién es, le piden que les cuente su historia... y pasan ocho días asombrados por el relato de Ulises. En Ítaca, sin embargo, nadie le dice a Ulises "¡Cuenta!"

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