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Cosas que no te llevarías a una isla desierta

Cosas que no te llevarías a una isla desierta

1. ¿Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta? Esta típica pregunta adolescente levanta opiniones de todo tipo, desde las del aventurero precavido que aboga por una navaja suiza, cerillas y pastillas potabilizadoras a aquéllas del hedonista radical, que se imagina la isla como un paraíso tropical donde pasar unos días entretenidos con la hermosa compañía de alguien con las hormonas tan activas como las propias.

El caso es que la pregunta es tan abierta que prácticamente carece de sentido. No sabemos en qué latitud se encuentra la isla, si la naturaleza la ha dotado de cursos de agua potable, de plantas comestibles que sepamos reconocer, de animales que supongan un peligro o no para nosotros o, sencillamente, si tiene cobertura de algún tipo de teléfono móvil o si se permite elegir un barco con un equipo moderno de navegación. Factores que sin duda influirían en las cosas que decidiríamos llevarnos.

Como quiera que sea, se puede formular otra pregunta parecida pero cuyas respuestas son mucho más interesantes: ¿qué no te llevarías a una isla desierta? En este caso, hay una respuesta que resulta obvia y sorprendente: dinero. El dinero, las tarjetas de crédito, las obras de arte... todo este tipo de cosas carecerían de sentido en una isla donde no hubiese nadie, lo cual indica que son las cosas (o los objetos simbólicos) más sociales que existen. Valen en cuanto se dan en una sociedad que les otorga valor pero no nos valdrían para nada allí.

Si formulásemos la respuesta de la primera pregunta de otro modo diríamos que entre las tres cosas que uno se llevaría a una isla desierta nunca se encuentra el dinero, lo cual da que pensar.

2. En su Ética a Nicómaco, antes de pasar al análisis de la felicidad Aristóteles realiza una crítica a algunas de las nociones que tenían sus contemporáneos sobre esta idea. Una de estas nociones es la que identifica la felicidad con la posesión de dinero. La argumentación de Aristóteles es que si bien el dinero es necesario, puesto que hay que tener cubiertas las necesidades básicas de la vida para ser feliz, no es suficiente, puesto que es un hecho de experiencia que mucha gente rica no es feliz.

El argumento aristotélico parece dejar, no obstante, la puerta abierta a la idea de que a pesar de ser necesario aunque no suficiente, el dinero es siempre deseable socialmente. Sin embargo esto tampoco parece ser cierto. 

3. Imaginemos que por un capricho inescrutable de la fortuna al lector y a un desconocido que se cruza en ese momento por la calle se les presentara un genio con la siguiente propuesta: "os entrego un millón de euros que debéis repartir, la condición para que el reparto se dé es que el desconocido proponga una partición, que puede ser como él desee. Si tú lo aceptas cada uno se quedará con la parte que el desconocido haya propuesto, si no aceptas haré desaparecer el dinero"

Alborozado por tal oportunidad esperas que el desconocido haga el reparto con la sorpresa de que el muy ingrato dice "Propongo quedarme yo con 999.900€ y tú con 100€"

La propuesta es buena para ti, ya que antes de esto no tenías nada y con el reparto vas a ganar sin ninguna inversión 100 euros, pero... ¿la aceptarías?

La mayoría de la gente no aceptaría un reparto de este tipo (conocido como dilema del ultimátum). Hay algo subterráneo y al mismo tiempo muy importante en la decisión de no aceptar un reparto tan desigual. A pesar de la importancia del dinero, evitamos la falta de reciprocidad si tenemos la oportunidad de hacerlo. Tal vez no estamos dispuestos a que un desconocido pueda tener un poder tal y lo castigamos. Aunque nosotros salgamos algo perjudicados, el beneficio de que no se produzca una enorme desigualdad es más beneficioso que aceptar el dinero.

La imagen se ha tomado de esta web.

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