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Platón y el gobierno. Ejemplo de idea principal de un texto.

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Así es, amigo mío: si has hallado para los que van a gobernar un modo de vida mejor que el gobernar, podrás contar con un Estado bien gobernado; pues sólo en él gobiernan los que son realmente ricos, no en oro, sino en la riqueza que hace la felicidad: una vida virtuosa y sabia. No, en cambio, donde los pordioseros y necesitados de bienes privados marchan sobre los asuntos públicos, convencidos de que allí han de apoderarse del bien; pues cuando el gobierno se convierte en objeto de disputas, semejante guerra doméstica e intestina acaba con ellos y con el resto del Estado.

PLATÓN, La Repúbica, libro VII.

Este fragmento forma parte de una de las obras más conocidas de la historia de la filosofía, La República, cuyo título original en griego es Politeia, es decir, el Estado o lo referente al Estado. Platón escribió nueve de los diez libros que la componen después de una pésima experiencia; tras viajar por primera vez a Sicilia para enseñarle filosofía al tirano de Siracusa fue expulsado de allí y vendido como esclavo. En La República puede verse el desengaño que presenta nuestro filósofo hacia la política real y la suspicacia que le levantan quienes gobiernan dirigidos por su interés particular.

Platón afirma que el gobernante (el filósofo-rey) debe ser alguien que conozca la idea de Justicia, alguien que haya salido del fondo de la caverna y que después de haber superado el ascenso del conocimiento haya llegado a conocer la idea más elevada: el Bien o la Justicia. Según Platón, el gobernante debe ser obligado a ejercer su cargo, puesto que nadie que conozca la justicia abandonará la ciencia (el conocimiento) para ejercer el gobierno porque el poder sea mejor que el conocimiento, sino por el deber adquirido con la sociedad. El gobierno es el pago de una deuda, el fruto de un compromiso.

Los mejores pueden llegar, gracias a los medios que dispone la sociedad, al conocimiento más alto y disfrutar de ello, pero no pueden quedarse perpetuamente en esta situación, sino que deben volver con los demás, los que han posibilitado su educación, y darles un gobierno justo, no porque se desee gobernar, sino porque hay que restituir la deuda y es justo que sea así. Un Estado donde la gente se disputase el poder sería un Estado en el que se viviría entre sombras y en el que se discutiría sin sentido, puesto que en este Estado no se conoce la justicia, sino que se actúa por la ambición particular.



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