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Sapere aude!

Entre la épica y la lírica

"Entre la épica y la lírica parece moverse en estos días la profesión docente; la épica de un trabajo que se ha complicado más que nunca; y la lírica de la vocación del enseñante." Así empieza un artículo publicado hoy (30 de noviembre) en El País sobre la XXIV  Semana Monográfica de la Educación Santillana.

Entre la épica y la lírica... quizá sea cierto y ahí se encuentre la tarea de enseñar. Un espacio en el que caben tantas cosas...

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La proporción áurea

Os dejo un vídeo donde se explica de un modo muy didáctico algunas de las curiosidades de la proporción áurea que hemos visto con Pitágoras.

El mito de la caverna

Os dejo un vídeo del mito de la caverna (en inglés) donde aparece una recreación interesante de la imagen de Platón.

Esta es la página de donde lo hemos obtenido.

 

 

 

Contenidos Decreto 15/2008

 

 

Contenidos de Historia de la Filosofía según el Decreto 15/2008, de 6 de junio (DOE del 18 del mismo mes), por el que se establece el currículo del Bachillerato en Extremadura.

 

Bloque 1: Contenidos comunes

1. Análisis y comentario de textos filosóficos, empleando con propiedad y rigor los principales términos y conceptos filosóficos.

2. Participación en debates, utilizando la exposición razonada del propio pensamiento.

3. Exposición por escrito de las propias reflexiones sobre las preguntas filosóficas básicas, incorporando críticamente el pensamiento de los distintos autores estudiados.

Bloque 2: El origen de la filosofía. La filosofía antigua.

1. Los orígenes del pensamiento filosófico.

2. Sócrates y Platón.

3. Aristóteles.

Bloque 3: La filosofía medieval

1. Filosofía y religión. Agustín de Hipona.

2. La filosofía escolástica. Tomás de Aquino y Occam.

Bloque 4: La filosofía moderna

1. El renacimiento y la revolución científica.

2. El racionalismo continental: Descartes.

3. La filosofía empirista: de Locke a Hume.

4. El contractualismo y La Ilustración. El idealismo trascendental: Kant.

Bloque 5: La filosofía contemporánea

1. La filosofía marxista: Carlos Marx.

2. La crisis de la razón ilustrada: Nietzsche. Freud.

3. La filosofía analítica y sus principales representantes.

4. Otras corrientes filosóficas del siglo XX. La escuela de Frankfurt. Hermeneútica. El pensamiento postmoderno.

5. La filosofía española.

 

Horas de filosofía

Horas de filosofía

El sistema educativo español está siendo reformado con una nueva ley educativa. Una de las consecuencias de su aplicación puede ser que las materias filosóficas pierdan carga horaria y presencia en los distintos cursos. 

En respuesta a esto, se han emprendido diversas movilizaciones por parte de los profesores, tratando de negociar con las distintas comunidades autónomas el horario y los contenidos de las asignaturas.


A las iniciativas de Madrid y Galicia se ha sumado ahora Castilla y León. Pueden leer un resumen de las movilizaciones en esta anotación:
http://www.boulesis.com/boule/campana-en-favor-de-la-filosofia-en-el-bachillerato/

Animamos a firmar en las páginas que aparecen a continuación:


1) Madrid: http://plataformafilosofia.blogspot.com/
2) Galicia: http://nexosfilosofia.org/sgf/index.htm
3) Castilla y León: http://www.gopetition.com/online/18452.html

Una vez que el ministerio de educación aprueba una ley, son las comunidades autónomas las encargadas de concretarla y aplicarla, y por ello es necesario llevar la reinvindicación a cada comunidad autónoma, ya que la educación en España funciona de un modo descentralizado. 

Descubrimientos en Atapuerca

El equipo de excavación que trabaja en los yacimientos prehistóricos de la Cueva de la Sima del Elefante en Atapuerca (Burgos) ha descubierto restos que confirman la presencia humana en Europa desde hace más de un millón de años. Según los primeros indicios, se tratan de restos de un ancestro de homo antecessor, una especie que ya había sido descubierta en el yacimiento de Gran Dolina, también en la Sierra de Atapuerca. Ver artículo completo en El País.

 

 

 

Concentración en defensa de la filosofía

Concentración en defensa de la filosofía

El origen de la filosofía

El origen de la filosofía

EL PASO DEL MITO AL LOGOS.

La filosofía y la ciencia nacen a la vez, en el siglo VI a. de C. en Grecia. Este nacimiento supuso el comienzo de la llamada racionalidad filosófico-científica (conocida como logos) que caracteriza a nuestra cultura.

El nacimiento de esta racionalidad suele conocerse con la expresión “el paso del mito al logos”, con la que se quiere indicar el salto que se dio respecto al modelo explicativo de la realidad que predominaba antes de la aparición del logos. A ese modelo explicativo se le llama mito.

Curiosamente, tanto mito como logos significan “palabra” o “discurso”. Sin embargo, el mito está más relacionado con los cuentos y es una narración simbólica y alegórica del origen del cosmos, de los dioses y de los seres humanos; el logos está más relacionado con el estudio y es el discurso de la razón acerca de la naturaleza y de la humanidad. 

 El mito.

            Todas las culturas antiguas tienen historias mitológicas que intentan dar respuestas a las grandes preguntas sobre el surgimiento del mundo, etc. Estas historias suelen transmitirse oralmente y no buscan ser verdaderas, tienen una lógica distinta a la de lo verdadero y lo falso. En el caso de la cultura griega, los mitos se dividen en tres grandes bloques:

a)      Los que narran el nacimiento del mundo (teogonías)

b)      Los que narran historias de dioses.

c)      Los que narran historias de héroes.

Los dioses griegos no tienen las características del dios de las religiones del libro (judaísmo, Islam y cristianismo) Son parecidos a los hombres, aunque son inmortales, representan fuerzas naturales, destrezas humanas y algunas virtudes. Sin embargo, quizá una de las cosas que más llama la atención de muchos de los dioses griegos es su inmoralidad; Zeus luchó contra su padre (que tampoco demostró llevarse demasiado bien con el suyo, porque le cortó los testículos con una hoz,) se casó con su hermana (algo que también había hecho su padre) y tuvo cerca de veinte amantes, mató a quien se oponía a sus caprichos, engañó para conseguir lo que quería… no es un ejemplo de moralidad.

En los mitos se concentraba la llamada religión olímpica. Esta religión comprendía una serie de ritos y tradiciones, pero la vinculación personal de los griegos con sus dioses no era demasiado estrecha. Sin duda, la inmoralidad de muchos de los dioses contribuyó a esto. Tan sólo Apolo y Atenea pueden considerarse dioses ejemplificantes.

Aunque en algunos mitos el curso de los acontecimientos parece que depende de la voluntad de los dioses (de por sí caprichosa o perversa) los griegos también creían que por encima de ellos se encontraba una fuerza desconocida aún más temible: el destino incognoscible.

La concepción antropológica que se extrae de los mitos griegos es pesimista. La vida es difícil, su curso puede depender del destino o del capricho de los dioses, que no son un ejemplo de vida moral; después de la muerte se encuentra el reino de Hades, un espacio donde las almas estaban condenadas a vivir una existencia mísera y oscura. Por todo esto, llama la atención que los griegos fuesen capaces de crear una ética separada de la religión y una cultura tan vitalista, a pesar de tener un fondo de creencias pesimistas.

 El logos.

Estas explicaciones comenzaron a ser cuestionadas en el s. VI a. de C. en las colonias griegas de Jonia, Asia menor[1], probablemente porque el contacto con otras culturas había relativizado la propia opinión acerca de los relatos míticos. En sus circunstancias es normal plantearse que si cada cultura tiene unos mitos diferentes e incluso dentro de la misma cultura se presentan distintas versiones de ellos, en lugar de preguntarse cuál es la versión correcta, tal vez convenga pensar que todos ellos son igualmente falsos.

La explicación filosófico-científica surgió cuando se llegó a esta conclusión, a la vez que se empezó a pensar que los acontecimientos naturales debían explicarse según la necesidad, no según la arbitrariedad de los dioses. Se empezó a pensar que todo sucede de un modo ordenado (cosmos) no arbitrariamente (caos). Así, los primeros filósofos-científicos consideraron que tras los cambios aparentes subyace algo que permanece y que se puede conocer. Ellos comenzaron a pensar que el universo y el ser humano, junto con el resto de los seres vivos e inertes, forman un todo ordenado y regido por leyes naturales accesibles al entendimiento humano. El caos se convierte en cosmos.

El logos se caracteriza por situarse en un plano de racionalidad lógica, es decir, sus afirmaciones se pueden constatar o refutar. Es algo compartible por la razón de toda la humanidad, frente al particularismo del logos. El logos es un discurso abierto a la discusión y la crítica, es el intento de no quedarse en la mera superficialidad de los asuntos (sean los que sean).

¿Cómo se dio el paso?

La visión clásica, de W. Nestle, es que este paso se produjo rápidamente: primero estaba el mito y se dio una sustitución por el logos. La realidad se empezó a ver de una manera nueva. Sin embargo, esta visión ha sido muy criticada posteriormente. Actualmente se considera que el paso del mito al logos no se dio de un modo radical, tal vez sólo pueda hablarse de una aparición y asentamiento progresivos del pensamiento filosófico-científico frente a otro modo de explicación de la realidad que aún se mantiene en buena medida.

De hecho, el mito permaneció vivo durante toda la cultura griega. Incluso en Platón, el mito forma parte sustancial de su filosofía: entreverados con su filosofía aparecen continuamente mitos utilizados para explicar lo que no puede explicar con argumentos propiamente racionales. Aristóteles dicen que los que creen en mitos son de algún modo filósofos, porque también quieren saber. Tanto Platón como Aristóteles, además, le daban importancia a los sueños. Platón, por ejemplo, cuenta en el Critón cómo Sócrates soñó que moriría tres días después de un sueño; hablando con Critón, un amigo suyo que le dice que lo ajusticiarían dos día después, Sócrates le dice que él cree que será tres días después “-Me fundo en un sueño que he tenido esta noche. -¿Cuál ha sido el sueño? –Me pareció que una mujer muy bella, de buen aspecto, que llevaba vestidos blancos se acercó a mí, me llamó y me dijo: “Sócrates, al tercer día llegarás a la fértil Ptía[2]. –Extraño sueño- -A mí me parece muy claro, Critón[3].” Aristóteles escribió también una obra sobre la interpretación de los sueños. Incluso en el s. XVII científicos de la talla de Kepler[4] o Newton tenían concepciones de carácter claramente mítico[5].



[1] Son las costas de la actual Turquía.

[2] Ptía era la patria de Aquiles, el sitio adonde hay que volver. Sócrates consideraba que la vida era un tránsito.

[3] PLATÓN, Critón, 44a-b, Gredos, Madrid, 1981.

[4] Kepler tenía una concepción cuasi-mítica del sol.

[5] Newton escribió un extraño tratado que intentaba explicar el libro profético de Daniel, uno de los libros de La Biblia.

Cosas que no te llevarías a una isla desierta

Cosas que no te llevarías a una isla desierta

1. ¿Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta? Esta típica pregunta adolescente levanta opiniones de todo tipo, desde las del aventurero precavido que aboga por una navaja suiza, cerillas y pastillas potabilizadoras a aquéllas del hedonista radical, que se imagina la isla como un paraíso tropical donde pasar unos días entretenidos con la hermosa compañía de alguien con las hormonas tan activas como las propias.

El caso es que la pregunta es tan abierta que prácticamente carece de sentido. No sabemos en qué latitud se encuentra la isla, si la naturaleza la ha dotado de cursos de agua potable, de plantas comestibles que sepamos reconocer, de animales que supongan un peligro o no para nosotros o, sencillamente, si tiene cobertura de algún tipo de teléfono móvil o si se permite elegir un barco con un equipo moderno de navegación. Factores que sin duda influirían en las cosas que decidiríamos llevarnos.

Como quiera que sea, se puede formular otra pregunta parecida pero cuyas respuestas son mucho más interesantes: ¿qué no te llevarías a una isla desierta? En este caso, hay una respuesta que resulta obvia y sorprendente: dinero. El dinero, las tarjetas de crédito, las obras de arte... todo este tipo de cosas carecerían de sentido en una isla donde no hubiese nadie, lo cual indica que son las cosas (o los objetos simbólicos) más sociales que existen. Valen en cuanto se dan en una sociedad que les otorga valor pero no nos valdrían para nada allí.

Si formulásemos la respuesta de la primera pregunta de otro modo diríamos que entre las tres cosas que uno se llevaría a una isla desierta nunca se encuentra el dinero, lo cual da que pensar.

2. En su Ética a Nicómaco, antes de pasar al análisis de la felicidad Aristóteles realiza una crítica a algunas de las nociones que tenían sus contemporáneos sobre esta idea. Una de estas nociones es la que identifica la felicidad con la posesión de dinero. La argumentación de Aristóteles es que si bien el dinero es necesario, puesto que hay que tener cubiertas las necesidades básicas de la vida para ser feliz, no es suficiente, puesto que es un hecho de experiencia que mucha gente rica no es feliz.

El argumento aristotélico parece dejar, no obstante, la puerta abierta a la idea de que a pesar de ser necesario aunque no suficiente, el dinero es siempre deseable socialmente. Sin embargo esto tampoco parece ser cierto. 

3. Imaginemos que por un capricho inescrutable de la fortuna al lector y a un desconocido que se cruza en ese momento por la calle se les presentara un genio con la siguiente propuesta: "os entrego un millón de euros que debéis repartir, la condición para que el reparto se dé es que el desconocido proponga una partición, que puede ser como él desee. Si tú lo aceptas cada uno se quedará con la parte que el desconocido haya propuesto, si no aceptas haré desaparecer el dinero"

Alborozado por tal oportunidad esperas que el desconocido haga el reparto con la sorpresa de que el muy ingrato dice "Propongo quedarme yo con 999.900€ y tú con 100€"

La propuesta es buena para ti, ya que antes de esto no tenías nada y con el reparto vas a ganar sin ninguna inversión 100 euros, pero... ¿la aceptarías?

La mayoría de la gente no aceptaría un reparto de este tipo (conocido como dilema del ultimátum). Hay algo subterráneo y al mismo tiempo muy importante en la decisión de no aceptar un reparto tan desigual. A pesar de la importancia del dinero, evitamos la falta de reciprocidad si tenemos la oportunidad de hacerlo. Tal vez no estamos dispuestos a que un desconocido pueda tener un poder tal y lo castigamos. Aunque nosotros salgamos algo perjudicados, el beneficio de que no se produzca una enorme desigualdad es más beneficioso que aceptar el dinero.

La imagen se ha tomado de esta web.

Duchamp, Umberto Eco y el baile del chiki chiki

Duchamp, Umberto Eco y el baile del chiki chiki

1. En 1017, Marcel Duchamp expuso en el Museo de Arte Moderno de Nueva York un urinario. Para muchos éste fue el comienzo de una nueva etapa en el arte, de hecho en 2004 la pieza fue elegida por más de 500 críticos como la pieza más influyente del arte del siglo XX. La decisión del artista era la fuerza que dotaba al objeto de gracia estética. Curiosamente, la transmutación del arte pasaba por consagrar con un crisma redentor al artista, ofreciendo una paradoja irresoluble: antes para ser artista había que conseguir una obra de arte, ahora para que algo sea una obra maestra ha de ser propuesto por un artista, pero... ¿quién es artista?

Tras la aparente originalidad y el fuerte aspecto personal de dotar a un urinario de un valor artístico no se encuentra una persona aislada, sino una sociedad capaz de valorar la ocurrencia y, en no pocas ocasiones, capaz de generar un suculento mercado de vender tales ocurrencias.

2. En dos libros distintos, Historia de la belleza e Historia de la fealdad, Umberto Eco realiza un repaso histórico de estos dos conceptos estéticos. El primero es el concepto clásico, el segundo ha sido mucho menos tratado por los teóricos. La reflexión de Umberto Eco parte de la sentencia atribuida a Jenófanes de Colofón según la cual: "si los bueyes, los caballos y los leones tuviesen manos, o pudiesen dibujar con las manos, y hacer obras como las que hacen los hombres, semejantes a los caballos el caballo representaría a los dioses, y semejantes a los bueyes, el buey, y les darían cuerpos como los que tiene cada uno de ellos". Para él la historia de la fealdad es mucho más interesante que la de la belleza, puesto que los conceptos se acaban entremezclando y todo es mucho más complejo de lo que parece.

3. La infancia es una época preilustrada (lo cual no quiere decir que la edad adulta sea obligatoriamente ilustrada) y entre los rasgos preilustrados de la edad infantil se encuentra cierto inocente patriotismo que en muchos de nuestros contemporáneos se exacerbaba en ocasiones tan dispares como los Mundiales y Eurovisión. En este último caso la emoción se centraba en unas pocas horas, en las que el orgullo patrio se inflamaba ante las caprichosas votaciones de países tan desconocidos y exóticos como Guayamuní. Fantástica nación que con el tiempo identificamos con Inglaterra y más adelante (gracias a la inestimable labor educativa del 1, 2, 3) con el Reino Unido.

Este año, por aclamación popular, será El baile del chiqui chiqui la canción que competirá frente a rivales tan temibles como Lituania, Letonia y Estonia, cuyos gustos musicales son tan coincidentes como recíprocos; o Turquía, lugar donde con ocasión del festival surgen canciones muy apreciadas por el público germano aunque no se dé la misma situación a la inversa.

En este escenario se presenta el baile del chiki chiki, una ocurrencia graciosa y provocativa que tal vez mueva a la sonrisa, pero también permite la reflexión. Después de tomarse tan en serio el festival en distintas ediciones, esta vez el público ha decidido tomárselo a broma y participar aportando una ocurrencia sin más pretensiones. Sin embargo, ¿cómo reaccionará la crítica? ¿se producirá el relativismo que preconiza Jenófanes o por el contrario se convendrá que su hallazgo es similar al de Duchamp?

 

Resumen de la ética kantiana

Antes de empezar a explicar las características de la ética de Kant hay que partir de una distinción previa que él propone: la de éticas materiales y éticas formales.

 

            Son materiales aquellas éticas que afirman que la bondad o maldad de la conducta humana depende de algo que se considera bien supremo para el hombre: los actos serán, por tanto, buenos cuando nos acerquen a la consecución de tal bien supremo, y malos cuando nos alejen de él. Las éticas materiales suponen que hay bienes, cosas buenas para el hombre, y determinan cuál es el bien supremo o fin último del hombre (el placer para Epicuro, la felicidad virtuosa para Aristóteles, etc.) Según cuál sea el bien supremo, la ética establece normas o preceptos con el fin de alcanzarlo.

            Toda ética material tiene contenido, en este doble sentido: 1) hay un bien supremo 2) se proponen los medios para alcanzarlo.

            Kant rechaza las éticas materiales, pues presentan deficiencias. En primer lugar, son empíricas, es decir, a posteriori. Su contenido está extraído de la experiencia. Esto impide que sus principios sean universales, pues sólo lo a priori puede serlo. En segundo lugar, sus preceptos son hipotéticos o condicionales. No valen absolutamente, sino sólo de modo condicional para conseguir un cierto fin. Esto impide también que sean universalmente válidas. Por último, son heterónomas. Es decir la voluntad es determinada a obrar de un modo u otro por el deseo o inclinación a algo (placer, por ejemplo)

            Visto lo anterior, Kant afirma que una ética que pretende ser universal y racional no puede ser material, ha de ser, por lo tanto, formal. La ética ha de estar vacía de contenido, es decir: 1) no debe establecer ningún bien o fin que haya de ser perseguido, y 2) no nos dice lo que hemos de hacer, sino cómo hemos de actuar.

            La ética formal se limita a señalar cómo debemos obrar siempre, se trate de la acción concreta de que se trate. Un hombre actúa moralmente, según Kant, cuando actúa por deber. El deber es, según Kant, “la necesidad de una acción por respeto a la ley” es decir, el sometimiento a una ley, no por la utilidad o la satisfacción que su cumplimiento pueda proporcionarnos, sino por respeto a la misma.

            Kant distingue tres tipos de acciones:

  1. Acciones contrarias al deber.
  2. Acciones conforme al deber.
  3. Acciones por deber. Sólo estas últimas poseen valor moral.

            Supongamos un comerciante que no cobra precios abusivos a sus clientes. Su acción es conforme al deber. Ahora bien, tal vez lo haga para asegurarse así la clientela, en tal caso la acción es conforme al deber, pero no por deber. La acción es un medio para conseguir un fin. Si, por el contrario, actúa por deber, es decir por considerar que ese es su deber, la acción no es un medio para conseguir un fin o propósito, sino que es un fin en sí misma, algo que debe hacerse por sí.

            El valor moral de una acción radica en el móvil que determina su realización. Cuando este móvil es el deber tiene valor moral.

           La exigencia de obrar moralmente se expresa en un imperativo que no es ni puede ser hipotético, sino categórico. Kant ofrece varias formulaciones del imperativo categórico. La más famosa de estas formulaciones es la siguiente: obra sólo según aquella máxima que puedas querer que se convierta, al mismo tiempo, en ley universal. La “máxima” se  refiere a los principios subjetivos de la voluntad, a sus propios móviles que, de no existir el imperativo categórico impuesto por la razón, se impondrían a la voluntad. Este imperativo no es material, pues no dice qué debemos hacer. Es formal, en cuanto dice cómo hay que actuar. Proporciona una regla para medir las acciones, gracias al imperativo podemos evaluar cualquier acción y calificarla como conveniente o inconveniente de acuerdo con el principio del deber.

 

Existe una segunda formulación famosa del imperativo categórico, que es así:

obra de tal modo que trates la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca meramente como un medio. Kant entiende que los seres humanos se caracterizan por su autonomía, es decir, la capacidad de darse normas a ellos mismos o de seguir de forma crítica las que les dan otros. Esta capacidad es única en la naturaleza y convierte a los seres humanos en seres excepcionales, incomparables con cualquier otro, por lo que no tienen precio, sino que se le aplica un concepto distinto que es el valor. Este valor es expresable en el concepto ético básico para la antropología de Kant, la dignidad. La dignidad supone el deber de actuar con el otro como si fuera un fin en sí mismo, es decir, la imposibilidad de utilizarlo como una cosa, como un medio para nuestra conveniencia.

 

A pesar de que Kant evita en buena medida hablar de lo bueno y lo malo, él entiende que existe algo absolutamente bueno: lo bueno incondicionado. Esto es la buena voluntad, el deseo de hacer siempre las cosas adecuadamente. Kant entiende que la ética (la razón práctica) tiene algunos postulados que no son demostrables, como los tenía también la razón pura. Estos postulados son la libertad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. Esto es así porque la ética tan sólo tiene sentido si existe la libertad; la felicidad, que sería la perfecta adecuación entre nuestros deseos individuales y el deber moral tan sólo se podría dar si fuésemos infinitos, porque supondría una voluntad santa en este mundo y esto es imposible. Por último, la propia idea de felicidad supone la existencia de una causa suprema de la naturaleza dotada de entendimiento y voluntad, es decir, Dios.

 

Como vemos, para Kant, la moralidad coloca al hombre en el umbral de la religión. Sin embargo, aunque lleva hacia ella, no es su objetivo porque el hombre no debe tender a la felicidad, sino a la racionalidad. La religión sirve como esperanza para la moralidad.

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Tomás de Aquino. La Monarquía.

Tomás de Aquino. La Monarquía.

 

 

Podéis bajaros el texto de Selectividad en este enlace:

 

La Monarquía de Tomás de Aquino.

 

 

El precio de los derechos

El precio de los derechos

En Filosofía hablamos muchas veces de los derechos y los relacionamos directamente con los valores: el derecho a la educación, el derecho a la atención sanitaria. Ahora bien ¿tienen también algún precio los derechos? Esta pregunta parece que se aleja de la discusión ética y quizá no debería ser así, puesto que el pensamiento crítico no quiere quedarse meramente en una charla de salón, sino que pretende al fin y al cabo saber para vivir mejor.

Para reflexionar sobre este tema os recomiendo la lectura de un artículo del catedrático de Filosofía del derecho Francisco J. Laporta aparecido en El País del día 29 de febrero de 2008 y titulado precisamente "El precio de los derechos"

Peligro de extinción

Peligro de extinción

Leí hace un tiempo en una entrevista a un ornitólogo que en Extremadura había más águilas imperiales casi que gente interesada en verlas. La frase me parece de una tremenda agudeza y me lleva a pensar si no le sucede algo parecido a nuestras capacidades. ¿No tenemos más capacidades de las que estamos interesados en cuidar? Y, del mismo modo, me lleva a preguntarme si no le pasa algo parecido a la filosofía.

Acerca de estos asuntos, una de las opiniones más interesantes que he escuchado sobre la importancia de la extinción de ciertas especies y su relación con la ética provenía curiosamente de un científico. Su planteamiento era el siguiente: si nos debe interesar la extinción del águila imperial o del lince es porque existen en un ecosistema que está directamente relacionado con la vida humana. Son indicadores de nuestra propia supervivencia. Esto debería hacer que nos planteásemos si estamos actuando de modo que nuestra forma de vida siga permitiendo la propia vida humana. Quizá ésta sea una cuestión ética poco popular, aunque fue presentada de forma contundente por Jonas con su principio de responsabilidad.

En el caso de la filosofía, la duda que me surge es si la supervivencia de la disciplina -o al menos de la actitud o de la preocupación filosófica- es o no necesaria… no ya para la pervivencia de una determinada cultura, sino para que se dé la mera posibilidad de un modo de vida ilustrado. Sin duda es posible una sociedad sin filosofía, como es posible una sociedad donde el imperio de la ley sea sólo una expresión. Sin embargo, al igual que el águila imperial, la pervivencia de una mentalidad ilustrada, la convicción de que la dignidad individual es el cimiento de la ética, la creencia de que el Estado debe reposar en una efectiva separación de poderes, el deseo de que se dé una verdadera igualdad de oportunidades junto con una justa ayuda al desfavorecido, la eliminación de las formas establecidas de dominio dogmático y de los sistemas de superstición... cosas de este tipo... me parecen dignas de cuidado.

No sé si convendría preguntarse, parafraseando al ornitólogo, si en nuestra sociedad no hay más ideas interesantes casi que gente con tiempo para pensarlas.

(Por cierto, el nombre científico del águila imperial ibérica no es ya Aquila heliaca adalberti, sino Aquila adalberti. Al haberse comprobado que están más separadas genéticamente de lo que se pensaba son consideradas especies -no subespecies- distintas.)

Atenea.

Atenea.

En la mitología griega Atenea es la diosa prudente. Es el símbolo del pensamiento y la inteligencia. Los griegos estimaban mucho a esta diosa, particularmente los atenienses, cuya polis lleva su nombre.

 

Los atenienses creían que el mochuelo (o la lechuza) era el pájaro de Atenea y así la representaban a veces. Esta asociación se debe a que el mochuelo ve en la oscuridad, del mismo modo que Atenea ve las cuestiones difíciles. El tetradracma griego tenía la efigie de un mochuelo o una lechuza en honor de Atenea. La planta con la que se la suele identificar es el olivo, una de las fuentes de riqueza de Grecia. Atenea es la diosa civilizadora. En ella coincide el ideal de la sabiduría, del trabajo incesante y de la virginidad.

 

Se la representa alta, serena, con lanza, casco y coraza. En la coraza suele estar grabada la cabeza de la Medusa (la Gorgona).

 

Según los griegos a Atenea se deben muchos inventos: la flauta, la olla de barro, el arado, el yugo, las bridas, el carro y los barcos. Es la diosa de la ciencia y de los números, así como de todas las artes propias de las mujeres antiguas. Aunque es una diosa guerrera no obtiene ningún placer de la lucha, los griegos la suelen representar como la diosa que busca el diálogo y la paz. Tan sólo lucha cuando no hay más remedio. Los mitos cuentan cómo en tiempos de paz no lleva ningún arma. Sin embargo, en las batallas nunca pierde, ya que cuenta con una inteligencia extraordinaria.

 

Es una diosa virgen (partenos), la única junto con Artemisa, algo extraño en un mundo mítico como el griego, donde casi todos los dioses son tremendamente libidinosos. De todas las diosas del panteón griego es la que tiene menor carácter legendario y mayor fuerza simbólica. En la Acrópolis se conservan varios templos dedicados a ella: el Partenón (que significa ‘de las doncellas’ en referencia a las chicas que se ocupaban del templo,) el Erecteo (o Erecteion) y el templo de Atenea Niké (la victoria.)

 

Su nacimiento se relata en un mito estrambótico que solían contar las sacerdotisas de Atenea. Zeus se unió con la titánide Metis que intentó huir muchas veces de la insistencia del dios. Finalmente la atrapó y la dejó encinta. Un oráculo dijo que primeramente daría a luz a una niña, pero que si tenía un segundo hijo desbancaría a Zeus, tal como Zeus había hecho con Urano y Urano con Crono. Zeus no quería perder su poder y decidió acabar con Metis de un modo extraño: se la tragó de un bocado. Cuando se cumplió el tiempo Zeus sintió un insoportable dolor de cabeza. Hermes comprendió lo que pasaba y llamó a Hefesto para que abriese el cráneo de Zeus. Cuando lo hizo por la brecha salió Atenea, ¡completamente armada!

 

Cosas de los griegos.

Milan Kundera. La ignorancia

Milan Kundera. La ignorancia

Cuenta Milan Kundera en La ignorancia que La Odisea de Homero es la obra fundacional de la nostalgia, del "dolor que causa el querer regresar" que es la etimología de nostalgia.

Según Kundera, Ulises es el mayor aventurero y a la vez el mayor nostálgico. La guerra lo llevó a estar diez años luchando en Troya; cuando ésta acaba y Ulises pone rumbo de regreso a Ítaca, los caprichos de los dioses le impiden regresar durante diez años. Durante esos diez años Ulises añora Ítaca, pero no tiene apenas recuerdos de ella; para tener recuerdos es necesario hablar, compartir experiencias pasadas... y Ulises no tiene a nadie con quien hablar. Sus paisanos de Ítaca, sin embargo, tienen muchos recuerdos de Ulises, pero no le añoran. Hay una asimetría entre los recuerdos y la añoranza de unos y de otros. Un abismo difícil de cruzar. Cuando Ulises regresa quiere contarles a todos cómo ha sido su viaje, lo que ha visto en estos años, todas sus aventuras, pero... no hay nadie dispuesto a escucharle porque todos quieren contarle a él qué ha ocurrido en esos veinte años en Ítaca. Las aventuras de Ulises carecen de sentido para ellos, si él ha vuelto es porque le interesa Ítaca y lo que allí hay, por lo tanto para volver de verdad debería prescindir de esos veinte años, que no tienen cabida ya en Ítaca.

La conclusión de Kundera es dura: nadie le va a preguntar por su aventura. Los feacios, sin embargo, cuando recogen a Ulises reconocen en él a un extranjero y le preguntan quién es, le piden que les cuente su historia... y pasan ocho días asombrados por el relato de Ulises. En Ítaca, sin embargo, nadie le dice a Ulises "¡Cuenta!"

Cáparra.

Cáparra.

Recias y hermosas encinas entre Cáparra y Ventaquemada.

Mudados alcornoques pacientes. 

Un camino más antiguo que el recuerdo, bajo el alto cielo de abril.

Duras paredes de piedra... Lentos regatos.

Vieja ruta de pastores, de soldados y viajeros.

Suaves ondas que conducen a Santiago,

si se quiere ir a Santiago. 

Tanta belleza y en medio...

una lavadora.

 

(La imagen es un grabado de 1806. Ha sido tomada del catálogo de la Diputación de Cáceres)

La vida de las ideas

La vida de las ideas

Extraña vida la de las ideas. Surgen de las mentes de los individuos y llegan a sobrevivirlos. Apelando a ellas a veces se llega a acabar con otras vidas o a perder la propia, y en muchas ocasiones se esgrimen para limitar el nacimiento de otras ideas. Esto las convierte en algo más paradójico aún, puesto que llegan a restringir la libertad de aquello que las hace posible y pueden llegar incluso a eliminarla no en un sentido meramente metafórico, sino físico.

 

Dentro de las ideas hay una clase muy especial que son las ideas científicas. De algún modo se presentan como un modo de entender la realidad, pero no un modo cualquiera, sino un modo que trata de averiguar metódicamente cómo está organizada la realidad física y que cuenta con resultados objetivos y contrastables.

 

La filosofía es un estilo de pensamiento, un complejo conjunto de ideas sobre las ideas que ha cobrado una peculiar forma de vida en el diálogo que han mantenido entre sí cientos de individuos desde hace siglos. En nuestra mente perviven ideas socráticas, platónicas, aristotélicas, kantianas… que modifican a muchas otras y que a su vez podemos modificar.

 

La Ilustración fue un periodo en el que hombres y mujeres excepcionales (sin ánimo de ser políticamente correcto) concibieron un conjunto de ideas capaces de funcionar como criterio crítico de muchas otras, realizando una eliminación sistemática de aquellas ideas relacionadas con las supersticiones, los prejuicios, los miedos y el dogmatismo y la demagogia.

 

Las ideas ilustradas, como cualquier otra, pueden desaparecer, sin embargo su éxito corre un camino algo distinto al del resto de las ideas. Las ideas científicas tienen vida dentro de su paradigma; mientras éste sea válido, las ideas explican adecuadamente el mundo. Del resto; algunas de ellas saltan de una mente a otra por el atractivo que les otorga el tiempo (las modas), otras cuentan con el poder que da los mecanismos ocultos que la evolución ha dejado en nuestra mente (los miedos, las querencias…) pero las ideas ilustradas no sobreviven más que poniéndose en crítica a sí mismas. No pueden ser meramente una moda, ni apuntar a mecanismos que se sitúen debajo de los racionales (como hacen las ideas demagógicas). Lo más paradójico de todo quizá sea que quien las tiene no quiere que se  conviertan en un mero prejuicio y es consciente de que su transmisión es fundamental no para que sobrevivan por encima de los individuos, sino para garantizar la supervivencia de los individuos por encima de las ideas.

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Pérdida de horas de Filosofía.

Pérdida de horas de Filosofía.

Leemos con preocupación que en Madrid y en Cataluña hay sendas propuestas para que la asignatura de Filosofía en 1º de Bachillerato sea sólo de dos horas. En el caso de Madrid la propuesta ha originado el nacimiento de una plataforma que reivindica un lugar digno para la Filosofía en el Currículo.

En Extremadura se está llevando a cabo la elaboración del currículo, para el cual la Consejería de Educación pide aportaciones. Tal vez sería conveniente solicitar que se mantengan las horas actuales si se quiere tener una asignatura con la que se puedan trabajar dignamente los contenidos.

Éste es el correo de la Consejería de Educación donde se pueden hacer propuestas: jsecorde@edu.juntaex.es  Recordad que la fecha límite es el 15 de febrero.

Si alguien quiere compartir sus razones con los demás, por favor, hacédnoslo saber.

Paradojas de la memoria.

Paradojas de la memoria.

Paradojas de la memoria. No somos nada sin ella. Nuestra identidad depende de algo que no llegamos a comprender y cuyos límites desconocemos. Nos asombramos de que haya alguien capaz de aprender miles de decimales de pi o alguien capaz de dibujar de memoria una ciudad. Todos querríamos poder recordar más y sin embargo quizá para poder pensar quizá también sea necesario el olvido.

Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera.

Así empieza un famoso cuento de Jorge Luis Borges titulado Funes, el memorioso. En este cuento Borges narra la historia de un hombre que tiene una memoria prodigiosa, hasta tal punto que no olvida absolutamente nada de lo que ve (o quizá sería mejor decir de lo que vive) de manera que para recordar un día cualquiera necesitaba otro día completo. Al final Borges acaba llegando a una terrible conclusión: Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.

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